El 71% de la población mundial no conoce el evangelio. ¿Quieres seguir formando parte del problema o ser parte de la solución?

Desde la caída del hombre hasta nuestros días, siempre ha estado en el corazón de Dios el deseo de que todas las personas se arrepientan y se vuelvan a Él de todo corazón. Dice la Biblia II Pedro 3:9 que «El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.«.

Sí, Dios quiere que todos se salven de la ira venidera. Su amor por la humanidad es tan grande que entregó a su propio Hijo a morir por todos nosotros y lo único que tenemos que hacer es poner toda nuestra fe en Él, en su sacrificio y entregarle nuestra vida (Juan 3:16).

Si estás leyendo esto y tienes dudas sobre el Plan de Salvación de Dios para la humanidad te invito a leer este artículo: ¿Cuál es el plan de salvación según la Biblia?

La gente necesita de Dios

Pero volviendo al tema principal de este artículo, desde el principio Dios buscó establecer esa relación íntima con el hombre y el motivo por el que formó y escogió al pueblo de Israel, fue para que a través de ellos vinieran las bendiciones al mundo entero (Génesis 12:1-3; Romanos 9:3-5). Lamentablemente el pueblo de Israel fracasó en esa misión (Romanos 10:20-21). El mismo Jesús fue enfático al señalar que aún cuando traían a un extranjero para enseñarle el camino de Dios, lo hacían de mala gana o con falsos motivos (Mateo 23:15).

Es así que Jesús les habló en parábolas de un hacendario (Dios) que envió a su hijo (Jesús) a la viña (Israel), donde los trabajadores no tuvieron respeto por el hijo y lo mataron (Mateo 21:33-41). Justo después de enseñar esta parábola Jesús le dice al pueblo de Israel lo siguiente: «Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.» Mateo 21:43

Es así que el reino de Dios, su proclamación, su extensión, es hoy responsabilidad de la iglesia que Jesús edificó (Mateo 28:19-20; Marcos 16:16; Hechos 1:8). Esa responsabilidad nos fue dada en lo que se conoce como la gran comisión, no la gran opción, es una orden directa de Jesús para todos nosotros.

El 71% de la población mundial corresponde a más de 2100 millones de personas. Personas sin Cristo, sin esperanza y sin Dios (Efesios 2:12). El sitio web Worldometers reporta más de cien mil muertes diarias. ¿Te has preguntado cuántas de estas personas están yendo directamente al sufrimiento eterno en el infierno? Porque el infierno existe, es real y aterrador. Para más detalles de este tema consulta el artículo: El infierno es real.

Entonces, como sé que estás decidido o decidida a no ser parte del problema, sino de la solución, estas son las cosas que puedes y debes hacer:

Testificar de Cristo

Muchas personas con las que Jesús trabajó fueron impactadas de tal manera, que la reacción natural e inmediata fue contarle a otros de Jesús. Entre muchos podemos mencionar a Andrés (Juan 1:40-41), Felipe (Juan 1:46), el ex-endemoniado Gadareno (Lucas 8:39) y el leproso de Marcos 1:45.

No hay que ser un teólogo para contarle a otros lo que Cristo ha hecho en tu vida e invitarlos a la iglesia. Pero si necesitas más información en cómo dar el plan de salvación, estudia el artículo: Plan de salvación.

Orar por más misioneros

Con la explosión demográfica del último milenio, impulsada por los avances científicos y la revolución industrial, la necesidad actual es realmente muy grande y el alcance de los ministerios de evangelización es demasiado pequeño en comparación. Muy acertadamente Jesús nos instó de la siguiente forma: «A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.» Mateo 9:37-38

Ofrendar para que otros vayan

La misión de extender el evangelio es de todos, todos tenemos responsabilidad de llevar a cabo las órdenes de nuestro Maestro, pero si no está en nuestras posibilidades ir al campo misionero, podemos participar apoyando financieramente a aquellos que lo han dejado todo por el Señor. Ejemplos de esto los encontramos en Filipenses 4:15-19 y I Timoteo 5:17-18.

Acudir al llamado

Si has sentido el llamado de Dios para entregarte por completo a su obra y sientes que tu vida no tiene sentido sino lo haces, no rehúses el llamado. Pues irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Romanos 11:29). Sino me crees pregúntale a Jonás…!

Pero si lo que necesitas es alguna motivación para decidirte, medita en estos versículos:

«¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!» Romanos 10:14-15

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