¿Qué significa el padre nuestro?

Cita bíblica: Mateo 6:5-15
«Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.«

El padre nuestro

Nuestro Señor Jesucristo no sólo se humilló a sí mismo tomando forma humana (Filipenses 2:5-8), sino que vivió más de treinta y tres años en esta tierra sin pecar una sola vez (Hebreos 4:15) siendo nuestro máximo ejemplo en todo (I Pedro 2:21) y si hablamos de la oración, es muy importante hacer notar que Jesús, más que nadie en el mundo oraba muchas horas al día. Antes de iniciar su ministerio realizó un ayuno de 40 días (Mateo 4:1-2), Marcos nos cuenta que Jesús se levantaba muy temprano de madrugada a orar (Marcos 9:35) y tanto Mateo como Lucas testificaron que Jesús oraba hasta altas horas de la noche, aún después de arduas jornadas de trabajo (Mateo 14:23; Lucas 6:12; 9:28). Este estilo de vida de oración fue de tal impacto en sus discípulos que despertó en ellos el deseo de orar también de esa manera (Lucas 11:1). Esto es muy interesante porque la cultura judía estaba muy familiarizada con la oración (oraban tres veces al día), pero la forma de orar de Jesús fue para ellos tan fuera de lo normal que llegaron a la conclusión de que realmente no sabían orar.
Hagamos sólo una pausa antes de continuar para meditar en algo que es muy importante, si Jesús, el Hijo de Dios, el Verbo hecho carne quien creó todas las cosas (Juan 1:1-3) consideraba necesario orar de esta manera, ¿cómo es que nosotros, siendo viles pecadores, llegamos a la conclusión de que no necesitamos orar?
Me disculpo con usted estimado lector si me extendí mucho en la introducción, pero quería establecer un contexto de cómo era la vida de oración de Jesús antes de analizar los consejos que sobre este mismo tema nos da nuestro Señor en nuestro texto de hoy. A continuación pues veremos los lineamientos que nos da Jesús sobre la oración:

Orar en privado

    En las iglesias se acostumbra hacer grupos de oración y eso no tiene nada de malo, más bien necesitamos estimularnos unos a otros a la oración (Hebreos 10:24) El punto aquí es que es muy importante tener cada día ese tiempo a solas con Dios, así lo hacía Jesús y si nosotros nos hacemos llamar cristianos (cristos en pequeño) debemos imitar a aquel que nos salvó y redimió de nuestros pecados.

    Oración genuina

      El Señor nos advierte acerca de la ineficacia de repetir siempre las mismas oraciones. No podemos olvidar que orar es «hablar con Dios» y Dios es una persona, de hecho, la persona más importante del universo. Dios quiere que seamos genuinos y auténticos al hablar con Él, siempre con respeto pero con espontaneidad. Es curioso que este consejo de Jesús esté justo antes de enseñar el famoso «Padre nuestro», oración que es un modelo a seguir, una guía de cómo orar y no una receta o palabras mágicas para alejar los malos espíritus y que a pesar de eso existe cierta religión que insiste en repetir esta oración una y otra vez como penitencia. ¿Qué pasaría si todos los días yo le digo a mi esposa: «Mi amor te amo, eres la mujer de mi vida» pero no le hablo en todo el día ni para responderle una pregunta y al día siguiente le repito la misma frase? Pero lo maravilloso de una sana relación es poder concertar un diálogo cada día sobre muchos temas.

      Iniciar con una alabanza

        Lo primero que debemos hacer al iniciar nuestra oración es reconocer la grandeza de Dios como ser supremo, Él es nuestro Padre Celestial nosotros sus hijos, Él está en el cielo nosotros en la tierra, Él es Santo nosotros pecadores. La humildad y la humillación son necesarios al acercarnos a Dios, pues al corazón contrito y humillado Él no desprecia (Salmo 51:17). Es lamentable que ciertos líderes religiosos de nuestra época se atrevan a exigirle cosas a Dios cuando tan siquiera somos dignos de besar sus pies. De estos nos advierte Judas en su carta (Judas 8-11). Que Dios tenga misericordia de estas pobres almas. Hay muchas cosas que podríamos mencionar sobre esto pero cerremos este punto con lo que dice Santiago 4:10 «Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.»

        Invocar su venida

          II Timoteo 4:8 dice que Dios dará la corona de justicia a todos aquellos que aman su venida, pero cuántos creyentes hoy están más preocupados por las cosas terrenales que por las celestiales. Dios quiere que cambiemos la perspectiva y que pongamos la mira, nuestro enfoque, en las cosas de arriba, no en las de la tierra (Colosenses 3:2). No debemos olvidar que esta vida es pasajera y que sólo somos extranjeros y peregrinos rumbo a nuestra patria celestial.

          Aceptar su voluntad

            El mismo Cristo nos dio ejemplo de esto cuando enfrentó su prueba más grande (Mateo 26:42). Tenemos que aceptar que Dios es soberano y que Él sabe mejor que nosotros qué es lo mejor. A veces tendemos a querer obligar a Dios a hacer lo que queremos, pero Dios es Dios, Él puede hacer lo que quiera y eso tenemos que aceptarlo tal cual es.

            Exponer nuestras necesidades

              Luego de haber alabado su Nombre, invocar su venida y aceptar su soberana voluntad entonces sí expongamos delante de Él nuestras necesidades (El pan nuestro de cada día), que por cierto, ya Él las conoce, pero Él quiere que le pidamos (Filipenses 4:6; Santiago 4:3)

              Una actitud de arrepentimiento

                Dios es infinitamente Santo, tan Santo que en la antigüedad prácticamente nadie podía acercarse a Él, de hecho, sólo el Sumo Sacerdote del pueblo de Israel podía, una sola vez al año, ingresar al lugar santísimo donde estaba la presencia de Dios (Hebreos 9:7). Ahora nosotros, por el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo tenemos libre entrada al trono de la gracia (Hebreos 4:16). Pero no podemos olvidar con quién estamos hablando, ante quien nos estamos presentando, por lo cual debemos mostrar siempre una actitud de arrepentimiento y pedirle que nos perdone y como dice I Juan 1:9 «Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad«. Eso sí, nuestra carta de presentación es haber también nosotros perdonado a todos aquellos que nos han ofendido.

                Suplicar que nos libre de la tentación

                  «No nos metas en tentación», en otras traducciones bíblicas se traduce: «no nos dejes caer», «no nos expongas». La idea es pedirle a Dios que nos proteja y nos ayude para no pecar, pero al mismo tiempo evidenciar delante del Dios Santo que nosotros también queremos vivir en santidad (I Tesalonicenses 4:3, 7; I Pedro 1:16)

                  Alabanza final

                    Iniciamos alabando, terminamos alabando, pues Dios es merecedor y digno de todo honor, alabanza y adoración.
                    La pregunta es: ¿cómo estamos orando?
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